POETRIA MINOR

O "Los Poetas Menores" de El Capaneo:
un hermano menor, pero ruidoso e inquieto,
que quiere salir a jugar...


Abrimos esta sección de poetas jóvenes y desconocidos (algunos, aun para sí mismos), que decidió retoñar de las entrañas del gigante CAPANEO, alimentándose de su POETRIA MAIOR.

Poetria, para que puedan darse cita los ejercicios de creación y traducción poética de los amigos.

"Minor", como un gesto de reverencia conmovida que hacemos hacia los grandes poetas (porque reconocemos la grandeza), pero no menor en dignidad, porque surge del mismo palpitar humano del corazón.

Un seminarium, un "semillero": una escuela de poetas y traductores...
Para cuidar a los hermanos menores.


Revista Universitaria El Capaneo




Cassandra's Dream: la tragedia de la debilidad humana

Cassandra’s dream (2007)
Woody Allen (dir.)

con Ewan McGregor - Collin Farrell

Dos hermanos, Terry e Ian, son los protagonistas de esta historia. Gran parte de los personajes son ambiciosos sin muchos escrúpulos, ambición por dinero, éxito o poder; excepto Terry, simple mecánico, que padece la adicción al juego, a las pastillas y al alcohol. Este desdichado querrá salir de la cadena de maldad comenzada con Ian, pero no podrá. Su buena intención, en medio de la maldad cometida, no será suficiente. Extraña ironía, que el más débil, en su simpleza, pueda ver la maldad obrada sin mentirse a sí mismo.
Quizás la esencia de la película sea la tragedia de la debilidad humana entrelazada en sus dos posibilidades: la maldad efectiva y el infortunio. Sin embargo, a pesar de que la hybris humana desencadena consecuencias desastrosas, para Woody Allen, la conciencia no parece algo sobre lo cual se pueda pasar por arriba sin más. Estalla, entonces, la desproporción dolorosa en el interior de la acción humana: entre lo que soy, lo que quiero ser y lo que efectivamente hago. La película concluye en la incertidumbre trágica, los acordes de fondo recuerdan vagamente la atmósfera que abre Die Walküre de Wagner, y toda la ambición humana parece estrellarse contra un destino sordo e irónico.
No se pueden evitar algunos retorcijones del estómago al ver esta película: ¿quién puede, de hecho, deshacer la maldad humana, mi maldad humana? ¿Quién puede decir con sinceridad: ‘yo jamás haría eso’, ‘a mí la ambición nunca me dominará’, ‘yo jamás mataré’? Ninguno de nosotros.
Dos preguntas más: primero, ¿el acontecer terrenal se reduce verdaderamente al desarrollo inevitable de ‘causa y efecto’ o es, ante todo, posibilidad de un imprevisto, relación en su raíz con otro orden, con un orden desde el cual se puede recomenzar siempre de nuevo? Segundo, ¿quién vendrá en ayuda del “hombre terrenal, confundido, amenazado por el caos” (Auerbach, Figura), esclavo de hecho de su debilidad?
Parece que para Woody el deseo de realizarnos concluye en bienes engañosos que llevan a la muerte y a la destrucción. Es la extrañeza máxima delante del destino que, escondido, enmudece delante del teatro del mundo.
Quizás. Miren atentos la mesa de luz de Terry. La última palabra sobre el destino humano no la tiene la nada, sino el Ser.


Patricio Perkins

2 comentarios:

gambling online dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

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