POETRIA MINOR

O "Los Poetas Menores" de El Capaneo:
un hermano menor, pero ruidoso e inquieto,
que quiere salir a jugar...


Abrimos esta sección de poetas jóvenes y desconocidos (algunos, aun para sí mismos), que decidió retoñar de las entrañas del gigante CAPANEO, alimentándose de su POETRIA MAIOR.

Poetria, para que puedan darse cita los ejercicios de creación y traducción poética de los amigos.

"Minor", como un gesto de reverencia conmovida que hacemos hacia los grandes poetas (porque reconocemos la grandeza), pero no menor en dignidad, porque surge del mismo palpitar humano del corazón.

Un seminarium, un "semillero": una escuela de poetas y traductores...
Para cuidar a los hermanos menores.


Revista Universitaria El Capaneo




Una obra de amigos para afirmar el significado de la vida

La experiencia de Residencias Universitarias en Santa Fe

El sábado 25 de octubre nos reunimos los responsables de la Obra (Julia, Estani, Lu, Eve y yo, con la compañía de José, Anita, Emirena y Francisco) para juzgar juntos lo que estaba sucediendo y acompañarnos a tomar decisiones para el próximo año.
Julia y yo propusimos la lectura del punto "La libertad en la raíz de la obra" del libro El yo, el poder, las obras de Don Luigi Giussani. Lo hicimos porque entendimos que esta propuesta nacía dentro de una compañía: solos no podemos afrontar ninguna necesidad. Y este punto del libro es excepcional, puesto que nos ayuda a dar razones de por qué continuar: "las obras solo nacen cuando uno tiene el coraje de decir yo".
Conversamos sobre las cosas de la residencia y el primer punto que dijo Julia, y que me sorprendió, fue la cantidad de chicos ingresantes que quieren entrar en las casas. Hasta el sábado había once mujeres y seis varones dispuestos a venir ¡y no habíamos hecho ninguna publicidad! Es increíble lo que está sucediendo, los chicos se enteran por lo que nuestros residentes les cuentan, ¡y automáticamente quieren venir a vivir a casa! Es Otro quien está aconteciendo entre nosotros, hay "Algo dentro de algo", que para mí es impensable. Sólo tuvimos que decir "sí" a una propuesta y vivirla, ¡nada mas! Así es cómo otros ven y quieren hacer la misma experiencia.
Como segundo punto, planteamos cómo podíamos seguir esto: "si el hombre no construye, ¿que hará para vivir?" (T. S. Eliot. Coros de "La Roca"). Se nos llama para dar testimonio a partir de nuestra experiencia, por eso no podemos reducir este camino a una mera comodidad, debemos esforzarnos para vivir y afrontar cada día lo que la vida nos propone, porque la vida es signo del Misterio.
Por tanto, planteamos la idea de poder abrir dos casas más, una de varones y otra de mujeres. En la semana nos sentamos con Julia a ver los números. La situación de los fondos propios de la Residencia no era la mejor: no nos alcanzaría para abrirlas. Por eso, en primera instancia, decidimos pedir muebles usados a todos los amigos adultos y nosotros nos encargaríamos de acondicionarlos. La segunda instancia es la de contar con fondos genuinos que nos permitan tener disponibilidad para afrontar los gastos de contrato, alquiler, etc. Estos pueden ser problemas, pero queremos asumir el riesgo, puesto que se nos está llamando a algo grande.
Aprovecho también para adjuntarles una carta que escribí sobre la obra y que, en la última reunión de las casas, hemos juzgado juntos todos los chicos de las Residencias. Esta carta es muy simple (¡soy economista, no literato!), pero en ella se recoge lo que se está viviendo. Y, si bien la escribimos hace un mes, no deja de impresionar la forma en la que el Misterio acontece entre nosotros, y da testimonio de lo que se nos dice en la Escuela de Comunidad: "A vosotros os ha impresionado un modo de vivir que anunciaba, que implicaba la vida, que lleva consigo la afirmación del significado de la vida"
Hoy la vida en la Universidad, tal y como se nos presenta, parece "condenarnos a la pasividad, a esta desidia mortal oculta entre tantas cosas que en el fondo no nos interesan, que no consiguen conquistarnos (...) nosotros también estaríamos condenados a esto si no hubiera ocurrido una novedad" (P. Julián Carrón, Huellas, agosto 2008).

CARTA: "UN CAMINO PARA LA VIDA"

Esta noche nos encontramos los integrantes de las Residencias Universitarias, quienes durante estos años estamos compartiendo la misma experiencia: vivir toda nuestra vida con otros, como si fuese una gran familia.
¿Quién de nosotros hubiera imaginado una experiencia así al decidir ingresar a la universidad, con todo el temor que significa adentrarnos en este nuevo camino? Pensemos un instante cuando ingresamos a la casa: era una gran incertidumbre, no conocíamos a nadie, no sabíamos nada de la universidad, muchos siquiera conocían Santa Fe. Y hoy estamos aquí, juntos, creciendo en un camino grande para nuestra vida.
No es nada obvio lo que nos sucede, es una novedad que se nos hace presente cada día y en la que nuestra vida se transforma.
Muchas veces se reduce la experiencia a algo normal y lógico, como si ya nos hubiéramos acostumbrado a vivir así y no tuviera nada que pudiera ser atractivo, pero sigue siendo excepcional para otros. Más de una vez nuestros compañeros de facultad, de trabajo o amigos nos han preguntado: ¿dónde vivís? Y respondemos: en una residencia con siete u ocho personas. Aquel, sorprendido y exaltado, nos dice: "¡Ocho personas!¡¿Cómo hacen?!". Entonces comenzamos a indicar cada una de las cosas que hacemos: grupos de comida, grupos de limpieza, días de estudio, reunión de casa. Y a partir de allí sentimos la necesidad de contar todo. Pero, ¿por qué lo hacemos? Porque tenemos delante una propuesta, a la que adherimos (tarde o temprano) con toda nuestra persona. Porque la compañía que encontramos aquí es una compañía que te abraza en la circunstancia, en aquello que te toca vivir todos los días. ¿Y cual es nuestra circunstancia? La vida en la universidad, pero no solamente la del estudiante que tiene que rendir materias, sino la de un hombre que esta madurando.
Ahora bien, ante esta propuesta tenemos dos opciones: "acomodarse" y hacer las cosas que exige la vida en comunidad para que "todo este bien", en orden; o bien, hacer lo que tenemos que hacer con una pregunta: ¿quiénes son estos rostros que encuentro todos los días y despiertan el gusto por estudiar y vivir así?
La primera plantea una actitud pasiva: lavo los platos porque me toca, hago reunión porque todos van, entonces no tengo chances y, mientras hablan, miro cada dos minutos el reloj pensando en las cosas que tengo que hacer luego. En fin, no soy yo el que vive, son los otros.
La segunda, vivida intensamente, mueve todo mi ser, lo despierta cada mañana con un deseo de estar atento a cada acontecimiento, pone en acción hasta el más mínimo detalle de mi persona.
Son dos posturas, en la primera estoy solo, en la segunda sigo a una compañía.
Tranquilamente se puede vivir solo (aun viviendo en la Residencia), pero es inmensamente mas difícil que estando juntos. ¿Por qué? Porque todos estamos haciendo el mismo camino. Esta es una propuesta guiada y sostenida por una compañía que nos reclama constantemente a lo justo y lo verdadero. Y este es el mismo reclamo que hacemos a nuestra vida.
Con amigos así el trabajo es distinto a los demás, vivir la universidad es distinto a cómo la viven los demás, la familia termina siendo distinta a la de los demás.
Para experimentar esto tenemos, como primera herramienta, la Reunión de Casa, un momento concreto en la semana en el que se pone en juego todo lo que soy, y se juega con otros que comparten la misma experiencia.
Todo está hecho para algo bueno, cada detalle, hasta el más imperceptible gesto (el lavar los platos, el limpiar el hogar, el preparar la comida) se nos presenta como una oportunidad para reconocer lo que más deseamos. Sin embargo, soy yo quien decide: se puede permanecer como si nada de lo que acontece ante nuestros ojos nos correspondiera, o bien mirar a aquellos que viven intensamente la propuesta y seguirlo. Sólo así, siguiendo, nuestra vida se ensancha y nuestro corazón explota. Deseamos de todo corazón ayudarnos a encontrar el significado de nuestra vida en esta gran obra.


Julio César Lozeco

Albert Camus: la clase del maestro Bernard

de Le premier homme, Gallimard, 1994 (pág. 161 y ss.)

Capítulo 6bis. La escuela

“Con el M. Bernard, esta clase era constantemente interesante por la simple razón que él amaba apasionadamente su oficio. Fuera, el sol podía gritar sobre los muros leonados mientras que el calor crepitaba dentro de la misma sala, aun estando hundida en la sombra de persianas con gruesas líneas amarillas y blancas. Bien podía caer la lluvia como lo hace en Argelia, en cataratas interminables, haciendo de la calle una canaleta sombría y húmeda, pero la clase se distraía apenas. Sólo los mosquitos en los tiempos de tormenta volvían a veces la atención de los niños. (…) Pero el método de M. Bernard, que consistía en no ceder nada a la conducta y volver, por el contrario, viva y divertida su enseñanza, triunfaba aun sobre los mosquitos.
(…)
Sólo la escuela les daba a Jacques y Pierre estas alegrías. Y sin duda aquello que ellos amaban tan apasionadamente en ella era aquello que no encontraban en ellos, donde la pobreza y la ignorancia volvía la vida más dura, más apagada, como cerrada sobre sí misma; la miseria es una fortaleza sin puente levadizo.
(…)
No, la escuela no les proveía solamente una evasión a la vida de familia. En la clase de M. Bernard al menos, ella alimentaba en ellos un hambre más esencial aún para el niño que para el hombre y que es el hambre del descubrimiento. En las otras clases, aprendíamos sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceban los gansos. Se les presenta un alimento ya hecho, rogándoles que lo traguen. En la clase de M. Germain, por la primera vez ellos sentían que existían y que eran el objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo. Y, más aún, su maestro no se abocaba sólo a enseñarles aquello que se le pagaba para que les enseñara, él los acogía con simplicidad dentro de su vida personal, la vivía con ellos, les contaba de su infancia y de la historia de los niños que él había conocido, les exponía sus puntos de vista, no sus ideas (…).
(…)
Al fin de cada trimestre, antes de mandarlos de vuelta a las vacaciones, y de tiempo en tiempo, cuando el empleo del tiempo se lo permitía, él había tomado el hábito de leerles largos extractos de Las cruces de madera de Dorgelès. (…) Jacques escuchaba solamente con todo su corazón una historia que su maestro leía con todo su corazón y que le hablaba de nuevo de la nieve y de su querido invierno, pero también de hombres singulares (…). Él y Pierre atendían cada lectura con una impaciencia cada vez mayor.
(…)
Y el día, al final del año, donde, llegados al fin del libro, M. Bernard leyó con una voz más sorda la muerte de D., mientras que cerraba el libro en silencio, confrontado con su emoción y sus recuerdos, para levantar luego los ojos sobre su clase inmersa en el estupor y el silencio, vio a Jacques en la primer fila que lo miraba fijamente, el rostro cubierto de lágrimas, acompañadas de sollozos interminables, que parecían no deber detenerse jamás. “Vamos, pequeño, vamos pequeño”, dice M. Bernard con una voz apenas perceptible y se levantó para ir a acomodar su libro en el armario, de espaldas a la clase.
(…)
“Espera, pequeño”, dice M. Bernard. (…) “Toma, dice él, es para ti.” Jacques recibió un libro cubierto de papel marrón de almacén y sin inscripciones sobre la tapa. Aun antes de abrirlo, él sabía que era Las cruces de madera, el mismo ejemplar sobre el cual M. Bernard hacía la lectura en clase. “No, no, dice él, es…” Él quería decir: es demasiado bello. No encontraba las palabras. M. Bernard sacudió su vieja cabeza. “Tú lloraste el último día, ¿te recuerdas? Desde ese día, este libro te pertenece.” Y él se volvió para esconder sus ojos de súbito enrojecidos.

(…)
El niño lo miraba, sin una lágrima (y toda su vida fue la bondad y el amor quienes le hicieron llorar, jamás el mal o la persecución que reforzaron su corazón y su decisión contraria) y ganó de nuevo su banco.

"Los Coristas" y la experiencia de la belleza

Les Choristes (2004)
Christophe Barratier (dir.)
con Gérard Jugnot - Kad Merad - Jean-Baptiste Maunier
Música: Bruno Coulais

Por tercera vez en la semana vi la película Los Coristas y esta vez a medida que la miraba iba encontrando algunas cosas que antes no había notado y profundicé en otras que intuía: me llamaba mucho la atención este prefecto, el protagonista, sobre todo por la forma aparentemente casual en la que había llegado al internado. El hecho me sorprendía más porque él se sentía un músico frustrado. Todo lo que pensaba de sí mismo, lo que ansiaba ser, su proyecto de sí mismo se habían caído. Por esto, cuando llegó al internado llegó sin planes, sin conocer lo que le esperaba, estaba a la espera de lo que la realidad le presentara, estaba abierto a lo que se pusiera en su camino. Por eso, cuando conoció la circunstancia en la que fue puesto, supo responder, supo obedecer a la verdad. Entonces, en ese lugar, ese prefecto era Libre, porque él, en ese lugar, se era útil, encontraba un nuevo sentido en su vida (a su vida), había descubierto para que fue hecho: encontró su vocación. Tanto es así que, al final, nos lo revela: él “dio clases por el resto de su vida”... y luego añade “para él... ¿Para él? No...”
También hoy, encontré más clara la antítesis de este prefecto: el director. Las similitudes y diferencias de estos dos personajes, no se alcanzan a comprender, sino hasta el diálogo posterior al despido del prefecto. Ahí se revela por qué Rachin está ahí y el origen de su maldad. El nunca quiso ser profesor, había fracasado en sus proyectos (igual que el prefecto) y viendo que su vida no era como él quería, intentó manipularla, la negó, negó la verdad, quiso imponer su idea ante la realidad que se le presentaba. Por eso su idea de “disciplina”, por eso su abusivo control en los alumnos. Este negaba la verdad, por eso vivía sin paz, vivía en un inútil y desesperado esfuerzo humano por hacer la realidad, por manipular la Verdad. El director no era Libre porque negaba la Verdad.
Otra cosa que me llamó mucho la atención en la película fue otro “contraste”: el prefecto, para componer, se inspiró en ellos y hablaba de ellos. Esto se percibe muy bien al observar la letra de sus composiciones, lo que cantaban. El prefecto les hablaba de sus vidas y les hablaba de una forma esperanzadora (además, también para él ellos habían devuelto su razón de ser). Esto era totalmente nuevo para estos chicos, por primera vez, alguien les hablaba de sus vidas alguien les mostraba algo que tenía que ver con ellos. El contraste está (y ahí es muy evidente) cuando ingresa a la clase el profesor de matemática luego de la práctica del coro, se sienta y muy secamente dice: “aritmética, pagina 27”. Luego también se lo ve redactando un problema (¡Nada les hablaba de ellos!). Este contraste es el que hace evidente que estaban viviendo algo nuevo, algo distinto en sus vidas.
Otra cosa, que me gusta mucho de la película es algo que hace unos días hablaba con un amigo, el tema de la Belleza. Este prefecto a través de su música les muestra a sus alumnos una Belleza, les comunica una razón por la cual vivir, una “Luz al final del camino...”, como dice en una de sus composiciones. Les muestra la Belleza en la vida, para su vida, ¡y a partir de aquí es cuando comienza a cambiar sus vidas para siempre! Esto se evidencia en el cambio de Chabert (principalmente) y un poco en el director. A medida que crece la experiencia del coro, sus personalidades se van transformando, son vencidas por los hechos. Para todos, este encuentro con la Belleza es decisivo en sus vidas, este cambia la vida para siempre. Esto se ve en los integrantes del coro (sobre todo en Pépinot y Morhange).
Esta Belleza, era algo que nunca habían tenido y era más grande, los hacía sentirse más plenos que cualquier cosa que hubieran visto antes. Por eso (como cualquier “mas” que recibe el ser humano), lo quisieron para siempre, para toda la vida.
Caso especial a considerar es el del director el cual encuentra la Belleza, pero luego la niega, nuevamente en su esfuerzo por controlar la realidad. Rachin, se niega a la Belleza porque esta demolerá su estructura, lo cambiará. Este la avala, en un principio, porque ve que le soluciona cosas, porque se las vuelve más fácil. Pero cuando la Belleza, pone en juego su Libertad, es decir, cuando le obliga a comprometerse, la niega porque es más “fácil” seguir su estructura. Por eso también llega a despedir al prefecto. Pero su esfuerzo es inútil (nuevamente) porque el prefecto ha dejado una huella en los corazones de los niños, les ha mostrado, les ha despertado una parte de su corazón y eso ya no se dormirá jamás.



Al terminar de mirar la película con mi amigo, nos sentamos a hablar un rato, cuando, de pronto, se fue la luz... Estuvimos un rato alumbrándonos con celulares mientras hablábamos, hasta que me dije “podría aprovechar que no hay luz para ir a mirar un rato las estrellas”... y fui.
Afuera, las miré por un rato, miré el cielo. Hasta que de pronto vi una imagen que me dejó duro... en mi campo visual había dos pinos; en medio y por encima de ellos, había unas corpulentas nubes que estaban como veteadas y entre esas “vetas” y por encima... un cielo estrellado como pocas veces se puede ver por acá (ayudaba mucho el hecho de que se hubiera cortado la luz). De repente, se me abrieron los ojos y pude ver con claridad, todo tomaba una forma más tridimensional. Es como si comenzara a tomar noción del “eje z” en mi campo visual.
Todo tomaba nueva dimensión: esos pinos. A unos veinte metros... tan cerca... o tan lejos... el cuerpo de las nubes, como isla flotante... y con mi imaginación volaba hasta las estrellas. Cada una de estas observaciones me hacían sentir más pequeño... tan pequeño... y miraba mis manos y ya no veía solo una mano... sin dejar de sentirme pequeño me sentía gigante a la vez... (de sólo recordarlo, esta sensación vuelve a mi). De repente, vuelvo mi mirada nuevamente al cielo, repitiendo todo lo anterior y no puedo dejar de admirar... Hasta que noto algo distinto, algo de lo que no me había percatado: entre estrella y estrella ¿Qué hay? Una mancha negra azulada que cubre la mayor parte de mi campo visual y que, sin embargo, no había notado antes. La medí (de igual forma que todo lo demás) y me di cuenta de algo impresionante: la distancia entre esa mancha y yo era incalculable... ¡Estaba mirando directamente el Infinito!
Me quedé duro... y me sentí más pequeño que antes, y a la vez más gigante. De repente todo se hizo tan claro...
Lo único que pude pensar fue: “Ojalá, Señor, ellos puedan verte como yo te veo ahora”.
Creo que acabo de experimentar la Belleza...

Ojalá algún día pueda expresar con palabras todo lo que veo.


Nicolás Bie

EDITORIAL JULIO 2008 (Juicio de CLU)

Dentro de la vida, una intuición:
todo es para algo bueno

El primer realismo
es que la solución no puede ser un volante, sino un nuevo modo de vida que pueda construir mi persona.

Frente a la dificultad, la alternativa es
… la de buscar una solución “rápida y eficaz”. Esta opción significa violencia: imponer la solución a los otros, o quedar aprisionados en lo que el poder dicte como “verdad”, tal como lo hemos presenciado en estos días en el conflicto social con el gobierno, o en el modo en que se nos propone mirar la historia de la Universidad (sólo a partir de lo acontecido hace 90 años, con la reforma universitaria).

… o bien ser pacientes para construir
–y esto implica diálogo–, ya que los hombres están definidos en verdad por otra cosa (algo Infinito), que es lo que les da su dignidad.

Para vivir intensamente la realidad,
hay que llegar a una pregunta, a una intuición que surge dentro de la vida: todo tiene un destino bueno. Esta es la postura auténticamente humana, la postura religiosa. Es Otro el que nos está llamando a algo grande.

Cómo irán las cosas,
no lo podemos saber de antemano, pero la compañía de gente que tiene esta misma pregunta nos permite estar plenamente dentro de la realidad sin escaparnos. Nos sostiene en la postura de búsqueda auténtica: ¿Qué quiere de mí el Destino con esto que pasa?

Así nacen las obras entre nosotros,
de una necesidad juzgada en compañía: desde acompañar la soledad de los ancianos hasta crear una revista universitaria; desde reunirnos en torno a la música o el ensayo de una obra de teatro, hasta adentrarnos juntos en el estudio.

COMUNIÓN Y LIBERACIÓN UNIVERSITARIOS (CLU)
comunionyliberacion@gmail.com

Cassandra's Dream: la tragedia de la debilidad humana

Cassandra’s dream (2007)
Woody Allen (dir.)

con Ewan McGregor - Collin Farrell

Dos hermanos, Terry e Ian, son los protagonistas de esta historia. Gran parte de los personajes son ambiciosos sin muchos escrúpulos, ambición por dinero, éxito o poder; excepto Terry, simple mecánico, que padece la adicción al juego, a las pastillas y al alcohol. Este desdichado querrá salir de la cadena de maldad comenzada con Ian, pero no podrá. Su buena intención, en medio de la maldad cometida, no será suficiente. Extraña ironía, que el más débil, en su simpleza, pueda ver la maldad obrada sin mentirse a sí mismo.
Quizás la esencia de la película sea la tragedia de la debilidad humana entrelazada en sus dos posibilidades: la maldad efectiva y el infortunio. Sin embargo, a pesar de que la hybris humana desencadena consecuencias desastrosas, para Woody Allen, la conciencia no parece algo sobre lo cual se pueda pasar por arriba sin más. Estalla, entonces, la desproporción dolorosa en el interior de la acción humana: entre lo que soy, lo que quiero ser y lo que efectivamente hago. La película concluye en la incertidumbre trágica, los acordes de fondo recuerdan vagamente la atmósfera que abre Die Walküre de Wagner, y toda la ambición humana parece estrellarse contra un destino sordo e irónico.
No se pueden evitar algunos retorcijones del estómago al ver esta película: ¿quién puede, de hecho, deshacer la maldad humana, mi maldad humana? ¿Quién puede decir con sinceridad: ‘yo jamás haría eso’, ‘a mí la ambición nunca me dominará’, ‘yo jamás mataré’? Ninguno de nosotros.
Dos preguntas más: primero, ¿el acontecer terrenal se reduce verdaderamente al desarrollo inevitable de ‘causa y efecto’ o es, ante todo, posibilidad de un imprevisto, relación en su raíz con otro orden, con un orden desde el cual se puede recomenzar siempre de nuevo? Segundo, ¿quién vendrá en ayuda del “hombre terrenal, confundido, amenazado por el caos” (Auerbach, Figura), esclavo de hecho de su debilidad?
Parece que para Woody el deseo de realizarnos concluye en bienes engañosos que llevan a la muerte y a la destrucción. Es la extrañeza máxima delante del destino que, escondido, enmudece delante del teatro del mundo.
Quizás. Miren atentos la mesa de luz de Terry. La última palabra sobre el destino humano no la tiene la nada, sino el Ser.


Patricio Perkins

Volantes frente al Congreso de la Nación: un pueblo educado en la constructividad social

EL FRENO A UN PODER SIN RAZONES ES UN PUEBLO EDUCADO EN LA
CONSTRUCTIVIDAD SOCIAL

Las pruebas y dificultades que aparecen en la realidad histórica revelan qué es lo que verdaderamente sostenemos como importante, justo y verdadero. Por lo tanto, revelan nuestro verdadero interés supremo, y son una ocasión para educarnos.
No tenemos la pretensión de proponer otra solución técnica al debate sobre el conflicto del campo sino de identificar cuáles son los valores radicales en juego y proponer una forma de vida.

a) La concepción de la persona y el hombre: El hombre tiene valor en sí mismo y no porque es legitimado por las instituciones, por la mayoría o por lo que dice el poder. Cuando se olvida que el hombre es creado por Dios, es normal el riesgo de reducir a la persona a instrumento y esclavo del poder político de turno.

b) La concepción de la sociedad y del Estado: Protagonista de la vida pública es la sociedad, el pueblo (la gente que trabaja, los padres que educan a los hijos, quien tiene el deseo de construir y aportar algo a la sociedad, etc.). La gente, eligiendo a los gobernantes, no les delega este protagonismo por el período del mandato. El bien común no debe ser reemplazado por un proyecto impuesto por el Estado. La legitimidad del ejercicio del gobierno no implica que la sociedad toda deba acatar proyectos que atenten contra la sana, Libre y solidaria construcción social. Es la sociedad, no el gobierno del Estado, la que construye el bien común. La tarea de la función pública es favorecer, custodiar y orientar esta construcción, no sustituirla.
En este sentido proponemos la Doctrina social de la Iglesia que afirma todo esto llamándolo Principio de Subsidiariedad del estado y rechaza toda forma de centralización, de burocratización, de asistencialismo, de presencia injustificada y excesiva del Estado y del aparato publico , ya que interfieren indebidamente en aquello que es responsabilidad de las personas y de las organizaciones menores.

c) Valor y concepción del diálogo: El diálogo no es debilidad; por el contrario, cualquier solución rápida y aparentemente eficaz casi siempre genera violencia. En el diálogo es importante entender los intereses, exigencias en juego y no limitarse a un choque de posiciones, porque así se olvidan las personas concretas y se desconoce cualquier razonabilidad o justicia en reclamos, opiniones o llamados a la revisión de lo actuado, descalificando al interlocutor, pero sin atreverse a confrontar la verdad de estos reclamos. Hacemos nuestro el juicio de los Obispos: "la solución solo puede encaminarse mediante gestos de grandeza y una vigencia aún más plena de las instituciones de la República".

d) El valor de la paz social: Tarea de los gobernantes es buscar la pacificación social, y no insistir en ahondar las diferencias y colocar a todo aquel que no se pliegue al proyecto oficial en la vereda de los enemigos del pueblo.
En este tiempo de confusión, es necesario mirar aquellos lugares donde el pueblo es educado en una pasión por la verdad en libertad, solidario con todo aquel que encontremos en el camino.
Lugares que, teniendo como principal interés la persona concreta, permiten sostener esta esperanza de edificar una casa más habitable para el hombre libre, constructor inclaudicable, en busca de su destino. Necesitamos un Estado que favorezca y reconozca la dignidad de todos los ciudadanos, que no intente suplantarlos en el ejercicio de su libertad creativa.

MOVIMIENTO ECLESIAL COMUNIÓN Y LIBERACIÓN - Julio 2008
secretaria.baires@cl.org.ar

Oscar Wilde: frente al dolor, la pregunta sobre el Destino

LA BALADA DE LA CARCEL DE READING



¿De qué otra forma sino
A través de un corazón roto
Puede ingresar Cristo Nuestro señor?

Con estos versos me fue dedicado el libro, empecé a leerlo por curiosidad, era un regalo de un amigo y no podía hacer menos que sentarme unos segundos, desplegar algunas hojas y adentrarme en el misterioso mundo de la lectura. Porque uno no sabe con qué se encontrará, pero tiene la sensación de que algo sorprendente entrará y lo trastocará por completo.

Y esto es lo que logró La Balada de la Cárcel de Reading. Este texto poético, en forma de balada, que relata la penosa y dolorosa experiencia que el propio autor ha vivido en carne propia, en ese infierno de piedras llamado cárcel.

Sólo bastaron dos páginas para descubrir que ellas acogían el dolor de un hombre, dolor tan intenso que resuena desgarrador, como si no hubiera nada más que hacer, sólo dejar caer los brazos y entregarse a la inmensa angustia de la prisión. Pero, aun en medio de tanto dolor, odio y sufrimiento, podemos toparnos con una presencia que es capaz de exaltar la preguntas últimas de nuestro corazón, un rostro que nos interpela y nos da la paz de reconocer que es Otro el que hace las cosas y quien juzga al hombre. (Cristo aparece entonces como la respuesta última a estas preguntas, y ante esto se pone en juego la libertad).
Reading Gaol. Grabado

No creo ser capaz de desarrollar una crítica literaria de la obra, sólo he podido verificar cómo, a través de cada verso de esta balada lastimera, se exalta el drama humano, el drama del hombre frente a su destino, del hombre que debe morir por haber matado lo que amaba...

Oscar Wilde está considerado como uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano tardío; además, fue una celebridad de la época debido a su puntilloso y gran ingenio. Su reputación se vio arruinada tras ser condenado a dos años de trabajos forzados en la carcel de Reading en un famoso juicio en el que fue acusado de indecencia grave, por una comisión inquisitoria de actos homosexuales.

En este libro el propio autor relata su desgarradora experiencia, aquella que lo enfrenta a la Muerte y a la propia conciencia del Pecado, como aquello que mortifica su vida.
El inicio de la balada es el reflejo del tormento del propio condenado, que parece tornarse en certeza cuando, con vehemente ira, la Muerte se apodera de su templanza. Dios aparece entonces como un terrible anhelo, como la única respuesta a ese dolor, pero que, sin embargo, parece no apiadarse de su alma.
Es así como su dolor se hace insondable, pero, al ver a aquel que mira tan ansiosamente el dia, sus preguntas parecen no callarse nunca.

El encuentro con una presencia humana
Surge una pregunta sobre el propio destino, a partir de mirar a este hombre que, a punto de ser ejecutado, “mira tan ansiosamente el día”.

Caminaba entre los procesados
Con un traje gris raído,
Había una gorra cricket en su cabeza
Y su paso parecía ligero y alegre
Pero nunca vi a un hombre
Que mirara tan ansiosamente el día

Nunca vi a un hombre que mirara
Con ojos tan ansiosos
Esa pequeña cara azul
Que los prisioneros llaman cielo
Y cada nube flotante que pasaba
Con sus velas de plata

Solo supe que pensamiento acosador
Apresuraba su paso y porque
Miraba el día ostentoso
Con ojos tan ansiosos
El hombre había matado lo que amaba
Y por eso debía morir


Una presencia que me conmueve, la pregunta sobre mi destino


Y yo y todas las almas en pena
Que vagabundeábamos en el otro cerco
Olvidábamos si nosotros mismos habíamos hecho
Algo grande o algo pequeño,
Y observábamos con mirada de torva sorpresa
Al hombre que debía ser ahorcado

Porque era extraño verlo pasar
Con paso tan ligero y alegre
Y era extraño verlo mirar
Tan ansiosamente el día
Y era extraño pensar que él
Tuviera tal deuda que pagar

Frente a su destino este hombre no puede más que sentir temor...

Éramos como hombres que por un pantano
De asquerosa oscuridad andan a tientes;
No nos atrevíamos a susurrar una oración,
O a dar espacio a nuestra angustia;
Algo estaba muerto en cada uno de nosotros,
Y lo que estaba muerto era la Esperanza

Porque el toque de las ocho era el toque del Destino
Que hace execrable a un hombre,
Y el destino usará un lazo corredizo
Para el mejor hombre y para el peor


Pero el Destino último permanece frente a nuestra vida, por lo que nace la pregunta: ¿quién eres?

Pero ni una rosa blanca como la leche ni una roja
Puede florecer en el aire de la cárcel;
Las cáscaras, los guijarros, los pedernales,
Es lo que nos dan allí:
Porque se ha sabido que las flores curan
La desesperación de un hombre común

De modo que nunca la rosa roja como el vino
Ni la blanca
Pétalo por pétalo, caerán sobre esa extensión de barro y arena
Que yace junto a la pared ominosa de la cárcel,
Para contarles a los hombres que andan por el patio
Que el hijo de Dios murió por todos

¡Ah! ¡Felices aquellos cuyos corazones pueden romperse
Y ganar la paz del perdón!
¿De que otra forma sino a través de un corazón roto
Puede ingresar Cristo, Nuestro Señor?



Siempre, frente a nuestro Destino último, a la respuesta a las preguntas últimas del corazón se pone en juego nuestra libertad; soy yo quien decide.
Es el punto mas concreto en el que se juega la libertad del hombre. Reconozco algo que está y que corresponde hasta con mi propia muerte, que me “libera” y, sin embargo, termino no adhiriendo a él, y decido someter mi humanidad a la ruindad de mi pecado: El hombre había matado lo que amaba, y por eso tenia que morir (¡qué forma de terminar el libro!):

Y allí, hasta que Cristo llame a los muertos,
En silencio, déjenlo yacer;
No es necesario malgastar lágrimas necias,
Ni exhalar suspiros profundos;
El hombre había matado lo que amaba,
Y por eso tenia que morir.

Si crees en Dios y no existe un Dios: ¿por qué yace una criatura en el fondo de las tinieblas e invoca algo que no existe? ¿Por qué sucede así? No existe nadie que oiga la voz que llama en las tinieblas. Pero ¿por qué existe la voz?
(Pär Lagerkvist)

Julio César Lozeco